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A mi hija le gusta la verdura

17/10/2018

 

Nuestras creencias forman una manera de comunicarnos determinada que a su vez crea realidades concretas, muchas veces opuestas a lo que gustaría que sucediera.

Cambiemos nuestro lenguaje y cambiaremos nuestra manera de pensar. Si nosotros mismos como padres no creemos que a un niño le pueda gustar la verdura, los zumos verdes y algún chocolate que no sea la nutela, acabaremos creando esa realidad.

A mis hijos les encanta la verdura, la fruta, los zumos verdes y la comida no procesada y por eso son los alimentos que entran en casa.

Tener integrado el impacto en la salud de nuestros hijos según los alimentos que ingieran es imperativo para que ellos elijan. Les guste o prefieran un tipo de comida u otra.

Primero me lo tengo que creer yo. Según la nutricionista Anna Gumà, “a la hora de aceptar un alimento o rechazarlo intervienen varios aspectos como la formación del gusto alimentario, la transmisión genética, los factores culturales, factores familiares y la imitación de sus padres”.

FORMACIÓN DEL GUSTO

Qué nos gusta o no nos gusta empieza mucho antes de nacer. Su origen se encuentra en el vientre de nuestras mamás.

Nuestras preferencias alimentarias tienen un componente genético pero también se originan durante la gestación.

Anna Gumà, explica que el “bebé empieza a recibir estímulos sensoriales como sabores u olores a través del líquido amniótico. Si se priorizan durante el embarazo los alimentos de origen vegetal (legumbres, fruta, verduras, cereales, frutos secos, semillas…) serán estos alimentos los que el futuro niño-niña reconocerán y cuyo sabor será familiar”.

La mamá no solo les está regalando salud y menos riesgo a posibles enfermedades sino que está construyendo su futura arquitectura sensorial, sobre todo respecto al gusto y olfato.

FACTORES FAMILIARES

La edad más crítica, en que la familia influye en las prefencias alimentarias de sus hijos, es de los 6 meses a los 24 meses, momento en que “se establecen la mayor parte de los hábitos, preferencias y aversiones alimentarias que condicionarán el tipo de alimentación futura”.

Anna Gumà añade que ” las primeras exposiciones a un alimento que no sea el de la leche materna, es muy importante. Si se optara por alimentos procesados por la industria, cargados de azúcar o sal el bebé modificará sus preferencias hacia esos sabores extremos y será difícil revertir este comportamiento”.

Ayudarles a que amen la verdura desde pequeños es parte del proceso. Planta un pequeño huerto -los hay urbanos también-. que rieguen contigo los tomates o la menta…

Que pisen más los mercados, que elijan ellos la verdura que les atrae, por su forma, su color o su olor. Instintivamente un niño en un mercado, jugará con las manzanas, las berenjenas y las naranjas. Y juegan porque les atrae. Rara vez se acercan a la charcutería o la pescadería, y si lo hacen les impacta bastante ver pescados y pollos muertos… Esa es su realidad. Porque cambiarla? Porqué introducir en casa alimentos que no les aportan salud?

A los niños les chifla la verdura. Son sabores en su mayoría neutros, son alimentos fáciles de digerir, muchos de ellos dulces, como las zanahorias, los guisantes… Pero los niños no son tontos. Ni su paladar y mucho menos su organismo.

Si a mi hijo le empiezo a dar desde muy pequeño sabores extremos, tanto salados como dulces, como el chocolate, los helados, las chuches, las patatas fritas o el queso. ¿Cómo puedo esperar que su paladar no cambie?

Anna Gumà recalca la importancia de escoger bien los alimentos que introducimos a los niños desde temprana edad, ya que ” si se le deja chocolate, es probable que se atiborre y elija el sabor intenso del chocolate antes que el de una fruta. Por ello la educación alimentaria es tan importante.

El sabor de alimentos procesados ricos en azúcar crea una respuesta al cuerpo y crea adicción, con lo cual se estaría condicionando su apetencia por ese tipo de alimentos con la energía y sabor tan extremo”.

ENTORNO SOCIAL

Hacia los 2-3 años se abre una etapa más social en la que ellos van adquiriendo más autonomía a la hora de comer y empiezan a socializarse más. Empiezan a ir a fiestas de cumpleaños, se quedan a comer en el colegio, los abuelos…

Se abre la posibilidad a que empiecen a probar ese tipo de alimentos. Este es el momento más crítico para muchos padres. Lo mejor es aceptar que socialmente todavía existe un desconocimiento muy grande sobre el impacto real de ciertos alimentos en la salud.  Y también entender la gran necesidad de introducir una educación sobre las preferencias y el porqué en casa no hay esos alimentos pero los probarán y tampoco pasa nada si es excepcional.

Ni será lo suficientemente repetitivo para que afecte a sus gustos y preferencias alimentarias ni tampoco llegará a afectar su salud. No se trata de una postura estricta o rígida hacia los alimentos, sino de sentido común, mucho amor y de evitar en la medida de lo posible introducir ciertos alimentos en su dieta.

Si hemos logrado mantener un tipo de alimentación viva, limpia y saludable hasta esa edad, su paladar sigue intacto hacia sabores extremos. Así, en estas ocasiones representarán solo excepciones para ellos y al no repetirse de manera regular no llegarán a afectar su paladar.

Saben que en casa de eso no hay y saben por qué. Si nosotros nos lo creemos ellos también. Y con una naturalidad que asombra.

Escrito por Sandra Varas, periodista, maestra de yoga y co-fundadora de Glorioso Supernutrients. Con la colaboración de Anna Gumà Sánchez, Dietista-Nutricionista, Coach de Salud y Vida Slow y Profesora de Yoga

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